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Energía y Sanación

El llanto de alguien que ya se fue

Hace ya años, muchos años…tuve un extraño contacto.  Aunque lo conté a algunos allegados, jamás escribí lo que me dijo. Me parecía muy fuerte.

No sé por qué, hoy han vuelto a mi mente esas palabras que escuché con una apabullante claridad. Y he pensado que quizás sea momento de escribirlas.

No deseo ofender ni perjudicar a nadie, y mucho menos juzgar. Sólo voy a transmitir el llanto de alguien que me hizo saber lo que pensaba, lo que sentía y lo que había sufrido.

Cómo son mis comunicaciones

Para que me podáis entender mejor, voy a contaros cómo suelo comunicarme con personas fallecidas o con otro tipo de entidades.

Normalmente, cuando tengo una pregunta, la lanzo al universo pidiendo que aquel ser elevado que tenga la respuesta, me la entregue. A veces lo hacen al momento, y otras, o tardan un tiempo o simplemente no recibo respuesta. Todo es perfecto. De hecho, como siempre que solicito consejo pido que su respuesta  sea siempre para el bien mayor de mi evolución y sin perjuicio para ningún ser sintiente, cuando no me dan la solución, considero que es porque tengo que encontrarla por mí misma, porque tengo las herramientas necesarias para hacerlo.

En otros casos, y esto me suele pasar mucho en mis consultas, mientras estoy hablando con alguien, me interrumpen y empiezan a darme datos y más datos. La mayoría de las veces, éstos son para que la persona con la que estoy reciba la información, pero en otras ocasiones es para mi propio aprendizaje.

Dicho esto, voy a contaros esta historia.

La comunicación con una persona desencarnada

Estaba yo un día hablando distendidamente con una conocida. Me estaba contando que estaba preparando un viaje para irse a ayudar a unas tribus de Centro América, no hace falta especificar el país, con una determinada ONG.

Me estaba diciendo que se sentía obligada a ayudarles porque eran muy pobres, apenas tenían cultura….Y entonces ¡ZAS!.  Alguien empezó a hablarme…

ERA UN HOMBRE, ERA ANCIANO Y YA SE FUE
Escucha sus palabras en forma de llanto…

Era alguien que estaba indignado, un hombre, al menos así le sentía yo.  Empezó a maldecir sobre las ONG y sobre los voluntarios que las apoyaban y ayudaban.

Él había pertenecido a una tribu indígena. Sus vidas eran simplemente como siempre habían sido. Tenían su propia cultura, su organización, sus costumbres y su forma de vida.

Pero de repente, su poblado se vio invadido por unas personas que aseguraban que iban a ayudarles a vivir mejor.

Quisieron cambiar sus conceptos sobre la vida y la muerte, sobre sus relaciones personales, sobre su forma de vivir y sentir…

A los niños, los educaban desde pequeños en unos valores que no eran los de sus ancestros. Tapaban sus cuerpos con incómodas ropas y calzaban sus pies con unos zapatos que impedían que luego pudieran sobrevivir sin ellos en la selva.

Les contaban historias que no iban con ellos, que no les importaban ni interesaban. Les imponían normas absurdas que lo único que les provocaba era infelicidad.

… El hombre estaba realmente enojado…

… y empezó a arremeter contra los voluntarios…

Los Voluntarios de las ONG

Me contó que los que iban a pasar unas semanas con ellos, con el fin de ayudarlos, no eran más que personas frustradas, que no tenían nada que hacer y que, para sentirse bien, tenían que demostrar a su sociedad que eran tan buenos que dedicaban sus vacaciones a ayudar a otros… y que lo único que hacían era interferir en su modo de vida queriendo demostrar que eran mejores que los indígenas y que poseían una verdad que tenían que imponer a toda costa.

También me dijo que, si en sus países, sus gentes les hicieran caso, no tendrían que ir a molestar a otros,  para así sentirse importantes y encontrar algún valor y sentido a sus vidas.

Sé que suena fuerte, pero así me lo dijo y así os lo transmito…

El hombre chillaba, lloraba,… intentaba transmitirme todo su pesar.  Y yo, simplemente podía escucharle.

Realmente, me doy cuenta en la sociedad en la que estamos…Es la sociedad del mutismo, del  quedar bien, del aparentar sobre el sentir.

En ese momento, si le hubiera dicho todo lo que este buen hombre me dijo a mi conocida, ésta me hubiera ignorado o simplemente se hubiera sentido agredida.

Conclusiones…

Con el traspaso de los años, pienso:

– Realmente, la mayoría de Organizaciones sin ánimo de Lucro, tienen programas de intervención totales. Esto lo digo desde la gran ignorancia que me proporciona el haber leído noticias sobre ellas, el haber visto reportajes en los que se muestran todas sus grandes obras y lo que me han dicho los cientos de voluntarios que, cada mes de Diciembre,  me han invitado a participar económicamente en sus asociaciones.

Criticamos a la Iglesia Católica por las grandes campañas de evangelización que llevaron a cabo en siglos pasados. Claro está que la sociedad de aquella época, veía bien que se pudiera acercar a esos “pobres ignorantes, dejados de la mano de Dios” – esto tampoco lo digo yo, que quede claro-  a la posibilidad de ser salvados por la gracia divina y al conocimiento de la “única verdad”.

LA NUEVA SOCIEDAD
¿Realmente es mejor la vida que tienen ahora los que en su dia vivian en tribus?

Hoy, defendemos el bien que hacen las ONG. No soy yo quien para defenderlas ni criticarlas. El principal motivo es porque desconozco la manera de actuar de la mayoría de ellas y realmente no tengo la más remota idea de cuáles son sus pretensiones. Sólo me pregunto… ¿Qué opinarán las futuras generaciones de ello? ¿Qué piensan actual y realmente los integrantes de los grupos que son ayudados por ellas?

Aquí lo dejo.

– Por otra parte, pienso que si hubiera tenido el valor de hablar en ese momento y, por algún milagro, mi interlocutora me hubiese escuchado, hubiese tenido la posibilidad de darse cuenta de sus carencias y de superarlas.

…Pero ya es tarde para ello…muy tarde…Pero quizás no es tarde para vosotros que estáis leyendo este artículo o para mí, que lo estoy escribiendo.

Meditemos antes de emprender alguna acción cuando sintamos la necesidad de ayudar a alguien. Es posible que así detectemos que algo hay que cambiar en nosotros que nos induce a ello.  Cuando lo hayamos logrado sanar, entonces sí que realmente estaremos en situación de prestar nuestra ayuda.

Pero esta vez será plenamente desde un estado de amor puro que nos permitirá escuchar lo que realmente necesitan y ayudarlos en esta tarea, dentro de su cultura, sin prepotencia, sin interferencias, sin querer cambiar un mundo que ya funciona para ellos, para llevarlos a un mundo que no funciona ni para nosotros mismos.

Sed Felices!

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